A Tamara
“Hacemos bien, ¿no?”, preguntaste,
y el cielo parecía un áncora de confesiones hechas eco
y yo no sé quién soy para decirlo y estoy helado como un cuerpo sumergido en sal después de un naufragio
y “eso no es cierto”, me dijiste y no me reconozco en ti porque tienes el don de rescatar lo que siempre he visto extinto y
“claro que sí”,
dije,
a veces me haces sentir como si estuviéramos mirando el precipicio en un arrecife frente al mar
“es cómo me haces sentir respecto a la caída”, murmuré,
"es la forma en que te miro", me dijiste al oído, mientras el mar sonaba.
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