Como en las madrugadas de Buenos Aires, como en las épocas de insomnio.
Hay madrugadas que muerden, madrugadas que cantan, que discurren hasta hacer un charco grande en el piso.
Hay madrugadas cortas, abiertas.
Otras que no tienen fe.
Algunas que te la quitan.
Hay madrugadas de sexo y madrugadas de pesadillas.
Otras que están mudas.
Su textura cambia. Las madrugadas que más secretos guardan
son las que no recuerdas.
martes 12 de agosto de 2008
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