domingo 14 de septiembre de 2008

Árboles que se separan

Ya no recuerdo por qué morir. Como tampoco serviría de nada echarme a hacerlo. Tengo promesas, algunas colgadas de mi cuello. Otras grabadas en la piel, los párpados, el pelo largo contra el viento. Y estás tú. Algunas palabras duelen como solo dolería despedirse de un fantasma que nos acompaña. Y las calles están vacías de sensaciones. Me detengo a mirar el mar, pero esta vez soy solo un vagabundo esperando por el tiempo que nunca llega. Lejos como el sol que se mantiene fijo mientras nuestra tierra devora su luz y la noche cae por pedazos.

Todo lo que soy converge en amarte. Cada parte que se completaba marcha con la imposibilidad de entregarse todo, de sentirse reflejado. No podrás pelear las batallas que no te pertenecen. Y me lo diré hasta el cansancio para no saberlo nunca. Me arrojaré como si no supiera nada, me arrojaré contra el arrecife. Y encallaré el cuerpo despedido hacia las rocas y el mar bravo, el mar que me recibe como una sábana que se resbala de la cama y me deja expuesto ante la luz que aclara.

Algunas promesas sobreviven al tiempo. Otras se olvidan, otras las descubrimos imposibles. Amarte solo me llevará al mar, ¿no es cierto? Debería temer a la caída y solo cuento los segundos como si no pasaran nunca. Necesitamos tiempo, amor, necesitamos...

Pero ya no escucho las palabras que me quebrarían. En algunos sueños, en algunas vidas, en algún momento que arranqué a esta vida que disfruta tanto herirme. Sí. Fuimos como si no hubiera nada más. Como si no hubieras escuchado otras voces, como si yo hubiera sabido cómo conquistar los miedos que no me pertenecen.

Alguna vez no desperté como esta madrugada. Solo, el corazón latiendo bajo el sudor frío. Y las lágrimas del sueño humedeciéndome los labios. "No quiero perderte", susurro entre tinieblas. Pero nunca tuve nada y el mar está tan lejos...

1 mensajes (usted tiene):

Renzo dijo...

Al fin... al fin

felicitaciones.