Jugar a escondernos,
o huir de un peligro que creamos solos.
Someternos a la prueba de tentar nuestros secretos para ser hallados.
En la arena que pisa el fondo del mar, tú haces la luz. Tú haces la luz hacia la superficie. Tendría que morir para no seguirte hasta donde me guíes. Para no arriesgarme a gemir cuando tu caricia me alcanza,
cuando clavas tus uñas y abres la boca
y ningún sonido queda. Pero tus ojos cerrados se aferran.
Ámame furtivamente, como somos. Fugitivos de este mundo, solo nos queda dedicarnos a la eterna salvación del otro. Nuestra supervivencia garantiza
que un beso más es otro instante de salvar la vida.
martes 23 de septiembre de 2008
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