sábado 30 de agosto de 2008

Insomnia

Algo que me obligas a soñar. Como si no necesitara más horas que esas. Como si no necesitara más que las palabras que me das

y recoger de ti

todo aquello que cargo en la memoria. Cómo podemos ser reflejos, cómo podemos vernos a nosotros mismos y querer entrar en cada quién. Cómo se puede sentir tanto. Cómo se puede ser tan libre.

Y no es un sueño, no puede ser:

cuando nosotros, ninguno de los dos duerme. Ninguno de los dos quiere hacerlo.

jueves 28 de agosto de 2008

Intersección

En el universo incalculable, allí donde hubimos pensado "no me volveré a encontrar", donde la avenida se interseca consigo misma. Llueve. Las sombras entrecruzan las ramblas y los faros apuntan hacia el norte, sigilosos, demasiado rápidos para detenerse a ver. De pronto el otro nos obliga a convergir en el único punto donde el universo se reconoce. Y nos volvemos a encontrar. Con palabras. Muchacha, tus palabras me revelan. Me revelan al ser vivo que hay en mí.

Sostendremos la mirada. "Destino", dices. Y transcribes las palabras que nos regalamos. Tendría que cegarme para no hacer silencio, para no dejar que las palabras nos revelen. Nos revelan, muchacha. Así nos acercamos ambos. Así la intersección se vuelve nuestra.

El tren cruza, el cartel dice "Destino", nos miran pasar hacia la luz. Caminando despacio. Caminando juntos.

martes 26 de agosto de 2008

Calendarios

No me dejes pensar que los días pasarán y agosto habrá acabado. El calendario arderá, pero el humo negro solo sube, sube, sube. No se lleva nada consigo, no consigue arrebatarme de este maldito laberinto que es el tiempo.

lunes 25 de agosto de 2008

Marcha de antorchas

Después de la cena me doy cuenta: la ciudad está completamente destruida. Así que es posible ir y enfrentarme a quien merece mi venganza. Primero un cerdo putañero de recursos varios. Sería conveniente dejar una nota a su familia:

"No lo esperen, no va a volver. Así que ya lo saben. No sirvan su plato ni gasten sus llamadas. Si supieran la verdad, lo habrían muerto antes de engendrarlo".

Necesitaría una navaja grande y un cuchillo para destripar ovejas. En el camino encuentro un perro atrapado en una de las trampas. Lo curo y continúo mi camino. No hay autos porque nadie puede sacarlos de sus casas. La ciudad se ve tan tranquila. Los pocos transeúntes nos saludan todos. Con gestos amables. Sacándose el sombrero.

Después de destajar al cerdo, habremos de entregar al viejo peligroso. La policía lo busca, pero no harán nada si lo encuentran. Los caníbales seguro podrán divertirse. Divertirse con su cuerpo. Aunque el sabor lo traicione. Y no volverá a amenazarlos, niños. No volverán a tenerle miedo. Acorralen a la rata y no den vuelta atrás. El caldero está encendido hace tanto tiempo.

De vuelta, las calles no estarán listas. No intenten buscar rutas alternativas. Ya no existen, no existen. Las calles paralelas están todas clausuradas. Empalmemos ruta a conversar con el señor alcalde.

No se olviden del caldero.

viernes 22 de agosto de 2008

Después de la conspiración

A Tamara

“Hacemos bien, ¿no?”, preguntaste,

y el cielo parecía un áncora de confesiones hechas eco

y yo no sé quién soy para decirlo y estoy helado como un cuerpo sumergido en sal después de un naufragio

y “eso no es cierto”, me dijiste y no me reconozco en ti porque tienes el don de rescatar lo que siempre he visto extinto y

“claro que sí”,

dije,

a veces me haces sentir como si estuviéramos mirando el precipicio en un arrecife frente al mar

“es cómo me haces sentir respecto a la caída”, murmuré,

"es la forma en que te miro", me dijiste al oído, mientras el mar sonaba.

En palabras

Cuando quede el vacío, cuando sea mi tiempo y la tierra consuma mis

dedos, piernas, llagas,

cuando el infierno me reclame con el frenesí con que yo he despreciado al cielo. Mi mejor mitad se seguirá leyendo. Y de mí quedarán verbos en pasado, una imagen falsa. No importa. El mejor día de mi vida está en estos tres colores pigmentados. Cuando tú, cuando tú me busques o decidas desangrarme en tu memoria. En palabras. En palabras.

No tengo que despertar para darme cuenta. En mi delirio más profundo, solo tengo que seguir tu luz, tu luz líder hacia la superficie.

Y en palabras. Quedarme en las palabras.

lunes 18 de agosto de 2008

Aves de paso

Ha llovido todo el día. Todo el día gris. Y pasan pocas aves a esta hora.

Pero miras hacia el cielo buscando sombras entre las nubes. Cada cierto rato encuentras una, buscas su vuelo y tratas de descifrar el patrón que te dé algún tipo de presagio.

Siempre, siempre tu futuro está en las aves.

Y pasa una paloma, rata alada de ciudad. El ala quebrada, algún pico que no ha terminado de cerrarse sobre ella. Tu futuro está en las aves, piensas. Y la ves caer allí, al pie de un árbol, el abrigo de la sombra mientras la lluvia se precipita sobre todos.

Las horas pasarán hasta que otra la vea. Bajará del cielo. Picará en su cabeza hasta mostrar los huesos. Habrá amanecido. También habrá dejado de llover.

domingo 17 de agosto de 2008

La noche de los escondites

Hay un animal sediento que se esconde en la noche, un depredador que nos da caza.

A todos. Uno por uno.

viernes 15 de agosto de 2008

La actriz

Su debilidad y sus cambios de humor. Todo lo que te hace ser como eres. Todo lo que la convierte en un ser digno de mi más franco desprecio.

Deberíamos cortar sobre las marcas en tu cara, en tu cara. Deberíamos pulir nuestras navajas en tu cuerpo. Pulirnos en tu cuerpo.

Su ingenuidad y su capricho. Tu falta de inteligencia. Todo lo que la hace digna de un final sin ruido.

Deberíamos cortar sobre tus malas manías. Clavar agujas en su cara. Deberíamos descansar nuestras dagas en tu pecho. Reírnos en tu cuerpo. Reírnos.

Un día no podrás pagar más el rescate. Un día no podrás pagarnos por tu libertad.

miércoles 13 de agosto de 2008

Silencio, silencio

"¿Cómo estás?", preguntó ella. Y no supe qué responder. Intenté empezar una respuesta más de una vez, pero no me salía un "bien" o un "mal" o cualquier otra cosa que zanjara la cuestión. Dije que asumía que bien. Me dijo "no asumas, dime que estás bien". Dije "no". No sé por qué. Era cierto, pero no sé para qué decir la verdad cuando es una de las cosas en que no soy bueno. Hubo un silencio largo en que ninguno de los dos supo qué decir. Luego vino una broma sin gracia, luego algún comentario de más y luego el clic del teléfono. Y después vino otro silencio, solo que esta vez tuvo poco de incomodidad y más bien mucho de alivio.

No puede ser, pensé, que tu ausencia me resulte más cómoda que tu verdad. No puede ser. No puede ser.

Déjame también

Estoy por caer rendido al sueño, cuando un ruido me despierta. Es un gato maullando bajo la ventana. Con los ojos entreabiertos, echo un vistazo alrededor. Veo sombras, escucho el disco que puse para ayudarme a dormir, distingo la silueta de mi perro durmiendo a los pies de mi cama.

Y eso es lo más cerca que estaré de no sentirme solo.

martes 12 de agosto de 2008

Calles cerradas

Volviendo de jugar tennis hoy por la tarde, encuentro en mi camino algo a lo que debería estar perfectamente acostumbrado, pero que en vez me llama la atención hasta el punto de las maldiciones: el maldito tráfico de Lima. Ante la sagaz idea de los asesores del alcalde de cortar simultáneamente todas las rutas que conducen al lugar donde el conductor Z desee llegar (conductor Z, según la ley de Murphy, vendría a ser siempre uno), hay poco que no se pueda ver en estos días en las avenidas principales de Lima: autos entrando donde no se supone que puede entrar ni siquiera una persona, conductores que parecen más bien psicópatas eligiendo a la nueva víctima, intentos de sinfonía con bocinas que difícilmente logran pegarle a un acorde. Todo lo cual me lleva a apagar el motor, subir el volumen de la radio y esperar a que la congestión disipe. Asumiendo que ese tipo de atoro solo puede ser producido por un ser humano (afrontémoslo, los semáforos suelen ser considerablemente más justos y eficientes que los policías de tránsito), y que a la vez el corte de calles solo puede ser producido por otro ser humano (el diálogo debe ser algo como "¡uy!, ¡si cortamos esa calle también van a tener que desviarse quince cuadras más!"), empiezo a preguntarme seriamente por nuestra capacidad de dirigir de forma segura este planeta.

Simultáneamente, empiezan a sonar los dos malditos celulares, probablemente uno sea una cita para la cual estoy tarde y el otro la cita para la cual lo estaré después. Podría, claro, tomar una foto del tráfico y dar a entender que realmente ha sido algo imprevisto, pero de todas formas siempre he considerado que echarle la culpa al tráfico en esta ciudad es una especie de cliché. Podría inventarme una mentira ingeniosa, pero tampoco tengo ganas.

Ah, y entonces me viene a la mente el lío que se ha armado en un club que frecuento, poco más complejo en su hilación que ese tráfico idiota producido por un policía que calculó mal el número de autos antes de seguir dando pase o algo así. Ingredientes: una separación difícil, un personaje que viene a ser un perfecto imbécil y una nueva pareja que sabe ganarse la amistad del resto. Odio ese tipo de complejos tanto como puedo odiar a los señores que se encargan de mantener rotas nuestras calles por un sadismo disfrazado de proyecto ciudadano. Es allí donde llego a la conclusión de que el mejor lugar para estar es dentro del auto, pensándolo bien, no se está tan mal. Todavía varios discos por oír, aire acondicionado, gente que observar por si nos aburrimos de fijar la mirada expectante en la hilera de autos que continúa más allá...

Poco después los autos empiezan a avanzar y a mí el pensamiento no se me va del todo. No podemos culpar a otras personas de los males que nos acechan, es cierto. Pero podemos y debemos denunciar la estupidez que provoca los conflictos. En ese momento pienso en Georgia, en Rusia, en el fútbol o en los idiotas que prefieren transmitir la novela antes que las Olimpiadas. Y sé entonces que por más complejo que pueda parecer un problema, por más detalles y variables que pueda tener, todo se resume al mismo punto: algún idiota que levanta la mano antes de tiempo, firma lo que no ha leído, se queda dormido cuando el profesor explica la manera de mantener estable lo que de otra forma hará explotar el laboratorio.

Temo más a ese nivel de estupidez que a la inteligencia volcada al mal. La inteligencia puede calcular minuciosamente el juego, pero la estupidez siempre escapa a su red de deducción: la inteligencia planea todo lo que puede, pero la estupidez es impredecible.

Recuerda

Como en las madrugadas de Buenos Aires, como en las épocas de insomnio.

Hay madrugadas que muerden, madrugadas que cantan, que discurren hasta hacer un charco grande en el piso.

Hay madrugadas cortas, abiertas.

Otras que no tienen fe.

Algunas que te la quitan.

Hay madrugadas de sexo y madrugadas de pesadillas.

Otras que están mudas.

Su textura cambia. Las madrugadas que más secretos guardan

son las que no recuerdas.

lunes 11 de agosto de 2008

Knives Out

"Knives Out" vendría a ser esa canción recurrente durante mi día hoy. No quiero explicar por qué. En realidad porque no tengo idea de cómo lo explicaría. Pero me dejo una frase como intento de justificación:
If you'd been a dog
They would've drowned you at birth

(Si hubieras sido un perro
te habrían ahogado al nacer)
El Amnesiac, un disco que me puede. Lleno de construcciones y pasillos y peligros que amenazan y se pierden. O viajes perfectos como "Pyramid Song". Pero hoy es "Knives Out". Hoy los cuchillos están desenvainados. Aunque no haya enemigos cerca. Mejor aun. Para que no se atrevan a acercarse.

10 de agosto

Todavía te extraño. No me importa qué tan mal o bien esté todo por aquí. Ni qué tan solo estoy ni con cuántos miramientos me contempla el futuro. Te extraño y sé que todos los años se repite nuestra historia. Yo te pierdo bajo la tierra y al hacerlo pierdo mi última cualidad de entregarme sin reparos al acto de sentir. Y es cierto que ya no miro las estrellas ni busco lo que una vez fue mi sueño más puro. Y también que ya hace mucho no te llevo flores. Me vas a perdonar por eso. Pero ya no puedo evitar sentir que el verdadero signo de tu ausencia es ver a mi alrededor para descubrir que cada vez estoy más cerca de cumplir esa promesa. Y sé que entonces podré redimirme de esa sensación de deuda. Pero también que te seguiré extrañando.

Y agosto seguirá siendo helado.

sábado 9 de agosto de 2008

Noche de sábado (por la noche -de sábado-)

Un sábado por la noche. Así comienza esta historia que no sé bien para qué comienza. Suena... El Funeral, de Arcade Fire. Excelente disco para los comienzos y los finales simultáneos. Afuera, llovizna. Buscar planes de sábado por la noche debe ser la actividad natural que deriva de descubrir que uno está recapitulando lo que pasa a su alrededor. Pero bien, no es mi culpa. Odio agosto, mes devastador, cruel por excelencia, siempre un paso delante de mí. Y ahora me doy cuenta de que falta todavía mucho para despedirlo. ¿Qué hacer entonces? Bien, recapitulando opciones: algunos discos nuevos que escuchar, libros que empezar o terminar, algunos trabajos a los cuales dedicarles tiempo. Pero hay días en que no tienes ganas de nada de eso. Como cosa casual, una amiga mexicana entra al messenger a contarme que anda en las mismas. Considerablemente más proactiva que yo, ha empezado a enviar mensajes de texto para buscar amigos libres. A mí me hacen una invitación de esas que dan ganas y no. Siempre he creído que en un mal día uno está mejor lejos de la gente. Eso del consuelo siempre me ha parecido un poco fuera de lugar. Así que mi amiga no consigue respuesta de sus mensajes. Tiene ganas de llamar al idiota que la trató tan mal, y mi única respuesta es algo como "tu prueba es estar sola, no encontrar un sustituto".

Y sin embargo, ya camino a cambiar el disco, paso junto al maletín donde guardo tantas cosas. Saco el paquete de cigarros y los placebos del tabaco hacen gala de reemplazar todo lo que he perdido en una tarde y lo que seguiré perdiendo en una noche de sábado en que nada, no conseguimos hacer que suene ese maldito teléfono.