lunes 27 de octubre de 2008
Todo lo que eres
Eres el nudo que deja caer el vestido cuando la bailarina salta. Y el calor de la fogata cuando te acercas demasiado.
Soy la duda que te asalta en tu camino a casa.
Eres la caída cuando miro hacia abajo.
Soy todos los momentos que eliges no vivir.
Y eres todo,
todo lo que me hace falta.
Soy la sombra aquella que preferiría ser tu luz.
Soy el náufrago buscando tierra para asirse y no dejarse hundir.
Eres el verso que me salva cuando ya no creo en las palabras
y eres todo
todo lo que falta cuando estás.
Soy la duda que te asalta en tu camino a casa.
Eres la caída cuando miro hacia abajo.
Soy todos los momentos que eliges no vivir.
Y eres todo,
todo lo que me hace falta.
Soy la sombra aquella que preferiría ser tu luz.
Soy el náufrago buscando tierra para asirse y no dejarse hundir.
Eres el verso que me salva cuando ya no creo en las palabras
y eres todo
todo lo que falta cuando estás.
jueves 23 de octubre de 2008
Vainilla
Me canso, luego voy muriendo. Todos los días el mismo despertar tortuoso, el ladrido, la música y la luz allí entre las persianas. Y a mi lado el frío. El frío.
No estarás tampoco hoy, como no fue ayer y como nos negamos a inventar otro mañana. El tiempo es nuestro, pero ese nosotros pudo bien ser un invento. Si dejáramos de lado las palabras y los apuntes rápidos que fingen ser literatura, nos descubriríamos humanos. Hazme humano. Hazme humano ahora.
Me esquivas, me huyes, me escapas. Una vez en ti podía oler el dulce de tu piel. Cómo podías curarme. Pero tengo hoy esa impresión de estar muriendo. Como solo mueren los distraídos. Como solo mueren los idiotas.
Sí, ese olor, la suavidad, esos instantes en que te comparto
esconden las heridas. Esconden los daños. Pero veámoslo por el mejor lado, cada vez que juegas a que no sentimos, pierdo años. Y esta sensación de morir como un loco. Morir como un idiota.
Podrías intentar quererme, podrías intentar ser libre, podrías intentar hacer las cosas que de vez en cuando dices.
Debería estar acostumbrado. Debería estar acostumbrado a recibir los peores golpes
cuando no puedo levantarme.
No estarás tampoco hoy, como no fue ayer y como nos negamos a inventar otro mañana. El tiempo es nuestro, pero ese nosotros pudo bien ser un invento. Si dejáramos de lado las palabras y los apuntes rápidos que fingen ser literatura, nos descubriríamos humanos. Hazme humano. Hazme humano ahora.
Me esquivas, me huyes, me escapas. Una vez en ti podía oler el dulce de tu piel. Cómo podías curarme. Pero tengo hoy esa impresión de estar muriendo. Como solo mueren los distraídos. Como solo mueren los idiotas.
Sí, ese olor, la suavidad, esos instantes en que te comparto
esconden las heridas. Esconden los daños. Pero veámoslo por el mejor lado, cada vez que juegas a que no sentimos, pierdo años. Y esta sensación de morir como un loco. Morir como un idiota.
Podrías intentar quererme, podrías intentar ser libre, podrías intentar hacer las cosas que de vez en cuando dices.
Debería estar acostumbrado. Debería estar acostumbrado a recibir los peores golpes
cuando no puedo levantarme.
miércoles 22 de octubre de 2008
Desvío a casa
Algunos viajes nos llenan como solo ocurre con los momentos verdaderamente importantes. Conectarse al mundo, andar con la ligereza de quien cumple un rito de paso y puede por ello darse el lujo de mirar al cielo hasta descubrir el mensaje que necesita. Hundirse bajo el río a buscar la piedra que llevar de vuelta a casa. El viento y sus sonidos a distintas horas. Suelo olvidarlo.
En la ciudad las piedras no forman montañas. Los hombres no le bailan a la luna. Suelo olvidarlo.
El recuerdo sabe distinto cuando es uno el que está lejos.
En la ciudad las piedras no forman montañas. Los hombres no le bailan a la luna. Suelo olvidarlo.
El recuerdo sabe distinto cuando es uno el que está lejos.
domingo 12 de octubre de 2008
Lorelei (Cuando la marejada en que naufrago)
Los mares álgidos donde todo se termina, donde todo tiembla, todo se convierte allí
en espuma y astillas.
Donde yo navego y el viento desgarra clavos, drizas, astas. Y el mar es negro como la luz bajo tu pelo, la tierra es demasiado ancha. Y entre las mareas el peligro en tu mirada es una estrella que nos guía hacia la calma.
Tendría que sacrificar el alma para no orientar el rumbo a ti. Guíame hasta el peñasco donde todo encalla y cuando mi cuerpo quede bajo el mar, yo sentiré
el mordisco de los tollos y el ahoguío de las algas
y allí me desharé como mis propios sueños, y oiré tu canto sobre piedra. El sesgo de tu peine y tu mirada eterna,
por qué habría de partir, por qué habría de hacer cualquier cosa que no fuera contemplarte.
Llévame hasta el mar, llévame con tu mirada hasta que el límite del mundo me rebase
y, amor, la noche caerá y me verás hundirme y llorarás y los peces morderán incluso las falanges, pero nunca tocaré, nunca llegaré, por más que quiera,
a dormir sobre el fondo.
en espuma y astillas.
Donde yo navego y el viento desgarra clavos, drizas, astas. Y el mar es negro como la luz bajo tu pelo, la tierra es demasiado ancha. Y entre las mareas el peligro en tu mirada es una estrella que nos guía hacia la calma.
Tendría que sacrificar el alma para no orientar el rumbo a ti. Guíame hasta el peñasco donde todo encalla y cuando mi cuerpo quede bajo el mar, yo sentiré
el mordisco de los tollos y el ahoguío de las algas
y allí me desharé como mis propios sueños, y oiré tu canto sobre piedra. El sesgo de tu peine y tu mirada eterna,
por qué habría de partir, por qué habría de hacer cualquier cosa que no fuera contemplarte.
Llévame hasta el mar, llévame con tu mirada hasta que el límite del mundo me rebase
y, amor, la noche caerá y me verás hundirme y llorarás y los peces morderán incluso las falanges, pero nunca tocaré, nunca llegaré, por más que quiera,
a dormir sobre el fondo.
En la espera (5)
Eres el instante aquel en que algo se transforma y puedo conciliar el sueño.
Si con una palabra, dime; si con un beso, bésame; si con un momento, entrégate.
Antes de que el tiempo nos acorrale por completo
y la arena del reloj sepulte el polvo que serán mis huesos.
Si con una palabra, dime; si con un beso, bésame; si con un momento, entrégate.
Antes de que el tiempo nos acorrale por completo
y la arena del reloj sepulte el polvo que serán mis huesos.
viernes 10 de octubre de 2008
En la espera (4)
Si pudieras hablarme en el idioma que escribo en mis paredes, si pudieras deshacerte del retazo falso que me hunde entre el calor
de un sueño, de una pesadilla, de otro despertar sin ti.
Si pudieras darte cuenta del tesoro en que se convierte tu ausencia a falta de tu abrazo... En las calles húmedas el asfalto se despide de mis falsos movimientos. Y el frío en mí susurra
vete, corre lejos hasta que la veas volver, hasta que tus dedos jueguen con la sombra de sus labios y tus ojos no se muevan (fijos siempre en ti) y nos encontremos, sabes, en las calles de siempre, en otro hotel anónimo, en la sombra incandescente de este mar furioso.
Y ya ni siquiera nos importa dónde esparcerá nuestras cenizas el tiempo. No sé dónde irá a parar mi piel cuando ya no te tenga cerca. Ni dónde te he amado ni dónde te perderé.
Pero en la intersección del tiempo y los espejos y el destino,
en el punto infinito en que te conocí,
solo allí estoy siempre contigo. Solo allí soy algo más que un cuerpo.
Si solo pudiera ser, si solo pudiera ser uno de tus sueños en las noches en que me haces tanta falta.
de un sueño, de una pesadilla, de otro despertar sin ti.
Si pudieras darte cuenta del tesoro en que se convierte tu ausencia a falta de tu abrazo... En las calles húmedas el asfalto se despide de mis falsos movimientos. Y el frío en mí susurra
vete, corre lejos hasta que la veas volver, hasta que tus dedos jueguen con la sombra de sus labios y tus ojos no se muevan (fijos siempre en ti) y nos encontremos, sabes, en las calles de siempre, en otro hotel anónimo, en la sombra incandescente de este mar furioso.
Y ya ni siquiera nos importa dónde esparcerá nuestras cenizas el tiempo. No sé dónde irá a parar mi piel cuando ya no te tenga cerca. Ni dónde te he amado ni dónde te perderé.
Pero en la intersección del tiempo y los espejos y el destino,
en el punto infinito en que te conocí,
solo allí estoy siempre contigo. Solo allí soy algo más que un cuerpo.
Si solo pudiera ser, si solo pudiera ser uno de tus sueños en las noches en que me haces tanta falta.
jueves 9 de octubre de 2008
En la espera (3)
Cuento los pasos desde la escalera para hallar el tiempo. Los pasillos se inclinan ante mí como para dejarme ver las sombras. Hay árboles en mi habitación, pero ninguno tiene tus palabras. El cielo opaco se desluce ante la faz del alba, las aves solo saben repetir una canción y no hay calandrias, no recordaré, por más que quiera, no recordaré otra forma de morir que no sea consumirme en esta espera.
Me redimo, me redimo ante el recuerdo de tus labios. Detrás de los espejos vivo
las vidas que transcurren paralelas a este desperdicio de tejidos y marfil desvencijado. Mira allí. Mira y encuentra lo mejor de mí
(si algún día te hago falta).
Trepo los balcones y me aferro a las paredes. Las calles se quiebran contra mi respiración helada. Desde el sueño solo necesito estar descalzo. Buscar entre el vacío el lugar donde tus hombros hubieran recogido mi cabeza. Y la espera en el silencio me carcome la mirada que ha quedado fija en tu reflejo.
Me redimo, me redimo ante el recuerdo de tus labios. Detrás de los espejos vivo
las vidas que transcurren paralelas a este desperdicio de tejidos y marfil desvencijado. Mira allí. Mira y encuentra lo mejor de mí
(si algún día te hago falta).
Trepo los balcones y me aferro a las paredes. Las calles se quiebran contra mi respiración helada. Desde el sueño solo necesito estar descalzo. Buscar entre el vacío el lugar donde tus hombros hubieran recogido mi cabeza. Y la espera en el silencio me carcome la mirada que ha quedado fija en tu reflejo.
lunes 6 de octubre de 2008
En la espera (2)
Oso del sueño, dime por qué no hay qué comer en los cafés, dime si tienes verdaderamente hambre,
porque han dicho por ahí que te disparan por calmarla.
No escuches sus consejos ni leas la pizarra,
y duerme, oso del sueño, mientras la nieve todavía caiga.
Señorita elegida, qué se siente andar esa ciudad en tu Buell, preguntando tu destino y matando dragones,
como si te ayudara a estar más cuerda... como si hiciera alguna diferencia... (nada lo hace, ¿no es verdad?).
Si ves la luz del alba es hora de dormir y ya no preguntarse nada, si suena tu reloj, es tiempo de olvidar.
Muchacho en la espera, no lo pienses demasiado, algunas cosas pasan poco en este mundo. Algunas personas una sola vez. Toma cada segundo.
Cuando la espera te desgaste, busca un libro para ver pasar el calendario y recuerda
lo fácil que es morir,
lo fácil que es vivir por demasiado tiempo.
porque han dicho por ahí que te disparan por calmarla.
No escuches sus consejos ni leas la pizarra,
y duerme, oso del sueño, mientras la nieve todavía caiga.
Señorita elegida, qué se siente andar esa ciudad en tu Buell, preguntando tu destino y matando dragones,
como si te ayudara a estar más cuerda... como si hiciera alguna diferencia... (nada lo hace, ¿no es verdad?).
Si ves la luz del alba es hora de dormir y ya no preguntarse nada, si suena tu reloj, es tiempo de olvidar.
Muchacho en la espera, no lo pienses demasiado, algunas cosas pasan poco en este mundo. Algunas personas una sola vez. Toma cada segundo.
Cuando la espera te desgaste, busca un libro para ver pasar el calendario y recuerda
lo fácil que es morir,
lo fácil que es vivir por demasiado tiempo.
domingo 5 de octubre de 2008
En la espera (1)
Alcánzame, desgárrame en el tiempo. Y trata de que las heridas permanezcan. Murmura un nombre que me deje reconocerme cuando todo lo demás me falle. Y conóceme y búscame en tus labios. No quiero el roce de tu cuerpo si no me puedes conceder tu alma. No quiero el aliento de tus labios si no vas a morder los míos.
Y no importa cómo pienses contar cada segundo, no importa cuándo terminen los compases.
Solo importa el instante en que la bailarina se desprende de su cuerpo,
el segundo de silencio entre el final
y la posibilidad del aplauso.
Y no importa cómo pienses contar cada segundo, no importa cuándo terminen los compases.
Solo importa el instante en que la bailarina se desprende de su cuerpo,
el segundo de silencio entre el final
y la posibilidad del aplauso.
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