viernes 28 de noviembre de 2008

Shadow of a Doubt



Una canción que me hace pensar en ti. De Sonic Youth, una de mis bandas favoritas (quizás eso no lo sabías). Creo que es una canción sobre algo que llega cuando menos lo esperas. Como tú llegaste cuando no creía que pudiese llegar nada. Pero también es una canción sobre decidir vivir eso que llega. Pese al miedo, pese a que no estaba en los planes. Y es, finalmente, una canción sobre lo hermoso de ese encuentro.

From the bottom of my heart
he was looking all over me
together everafter
he said
"You take me & I'll be you"
"You kill him & I'll kill her"
kiss me
I swear it wasn't meant to be
I swear I didn't mean it
kiss me
kiss me in the shadow
kiss me in the shadow of a doubt

Sobre ya no sentirse solo. Sobre un beso que se da en la sombra no porque haya que ocultarlo, sino porque a veces la sombra es el refugio de quienes vivieron en ella por demasiado tiempo.

martes 18 de noviembre de 2008

Si pudieras responder

Toco la pared en la que he vuelto a garabatear algunas letras. Ya no recuerdo la última vez que lo había hecho. Y cada frase enlazada con la que alguna vez quise decir me recuerda demasiado a las cicatrices en mis brazos. Indefectiblemente llego en mi pensamiento a ti. Que al final eres una metáfora de la herida antes de la sangre (o de la sangre cuando ya no puedo ver la herida). Y a veces pienso que no es nada de eso. Que las palabras allí no son sino el beso de un fantasma que me atrae hasta su frío inerte, y que ha venido a susurrar palabras de agonía justo en el lugar donde duerme mi oído, y me interrumpe allí la realidad: es todo tan distinto, no hay manera de rescatar valor donde solamente encuentro excusas, no,

tú de eso sabes más que yo porque lo has venido haciendo ya por tanto tiempo. No necesito decirte nada más, así es muy fácil: te quiero suficiente como para no tenerte miedo.

Al deambular el cielo me regala otro presagio: una paloma vuela sobre el techo de una casa cercana y al detenerse me doy cuenta que está herida. Otra paloma viene y pienso que la va a matar, pero la paloma se acerca a compartir su calor. La primera paloma se refugia allí un instante, luego duda. Y echa a volar herida, huyendo en pánico del compañero que buscó salvarla. Y al ver cómo se aleja sé de inmediato que mi suerte ya está echada. La segunda paloma permanece quieta y luego cae rendida sobre lo que queda allí de sangre. Y su muerte es instantánea. Pero la otra quizás pueda salvarse. En su vuelo torpe y desangrante, que me cuenta la historia que he sabido desde siempre: esto de prometer no abandonar, esto de querer con las fuerzas que me quedan, de encontrar palabras de valor y miedos que nos quiebran demasiadas veces. No tengo nada más que hacer: te quiero suficiente como para prometerme no morir.

Y no tengo nada qué perder tampoco: te quiero suficiente como para dejar en mi pared

el espacio necesario para que escribas tú la última frase

cuando mis alas no puedan seguirte más.