miércoles 11 de febrero de 2009

Canciones desconocidas

En un sueño

conducías por un camino de arena. El polvo que se alzaba no dejaba dar marcha atrás y por delante el camino se perdía entre senderos y carteles. Me dijiste 'tomaremos el siguiente. Llegaremos antes de la hora azul. Cuando sea el momento y la suerte ya esté echada'.

Jamás terminamos el camino. El sueño cambió y las imágenes partieron. Todo despertar es un encuentro con lo que jamás vivimos, todo instante de realidad es la muerte de algún sueño. Seguimos el camino como si el desierto también tuviera puertas.

Algunas noches no tienen identidades. No soy yo cuando me dices que me odias, no soy yo cuando todo lo certero se me hunde aquí en el pecho. Algunas noches sería mejor solo dormir sin sueños.

Llegamos a la bifurcación en el sendero y bajaste del auto. Me pediste que te siga y caminamos solo un trecho. Me mostraste la arena y la sensación del desierto. Me dijiste que allí podía perderme si quería. Que podías conducir sin mí y que no tendrías que explicarlo a nadie. Que allí estaba todo el espacio que necesitaba.

Si fue solo un instante de descontrol, ¿cuándo lo recuperamos? En el camino de vuelta solo hubiéramos tenido lágrimas y música. Mis canciones extrañas, mis acordes que se mezclan hasta hacerse un ruido musical.

Pero jamás terminamos el camino. Antes de llorar o de encontrarme en el miedo de perderte, allí cuando empezaba a imaginar cómo sobrevivir, el sueño cambió a las luces de colores y todo pareció dormir conmigo.

Y cuando desperté miraba alrededor las paredes de mi cuarto. Me habías abandonado en el desierto.

lunes 9 de febrero de 2009

Anuncio que he decidido morir

Anuncio que he decidido morir,

igual que en esa vida, hace ya cuánto tiempo; cuánto tiempo que no se cuenta con las manos. Pero las lluvias mueren, estrelladas contra el vacío inhóspito de nuestra casa. Allí veme nacer como un fantasma errante, allí despídeme en un día de agua, cuando anuncie lo que anuncio:

que he decidido morir.

No puedo hacerlo todo bien ni abrigarme con la excusa que justifique mi torpeza. No soy tan hermoso bajo el manto gris de pelo. No soy tan valiente como para no dormir a tu costado. No resisto la ausencia del siguiente beso.

Soy marfil y sombras, el eco que se va apagando cuando prefieres guardar silencio y no decir

'te quiero', o 'te amo', o 'entrégate en un beso'.

Moriré aquí donde nadie escuche los aullidos y nadie escoja rescatarme. Moriré mientras afuera en el verano las parejas andan de la mano y las señoras cantan y los amigos se divierten con bromas que no entiendo.

Ámame si puedes, si puedes sostenerme en el recuerdo; en serio, ámame

para no tener que anunciarme cuando diga 'anuncio que he decidido morir',

para no gastar aliento en repetir mi nombre y poder usar todas las fuerzas que me quedan en gritar el tuyo.

miércoles 4 de febrero de 2009

Ciudad de las revoluciones

Ven, ven. Esta vez no puedo hablarte más en serio. Tengo tus anillos y los libros que nos hacen falta, tu ropa limpia en el asiento y una navaja para soltar sogas,

ven antes de que nadie diga que nos echa en falta y vámonos a la ciudad

de las revoluciones

a convivir con los nuestros. Lleguemos a la playa a saludar al mar, no recuerdo cómo diablos se mentía, tengo incorporado el relato de tu sueño (en él yo te llevaba en brazos), las mordidas de tu amor aquí en mi cuello y las botellas llenas.

Nada queda atrás sino un montón de garabatos, ¿no lo dije antes? Ves que no tendremos hambre nunca más, tan lejos que nadie se ocupará en buscarnos (esta noche estoy aquí por ti)

y nos perdonarán por ser sus hijos, amantes y casados

en la ciudad de las revoluciones.