En un sueño
conducías por un camino de arena. El polvo que se alzaba no dejaba dar marcha atrás y por delante el camino se perdía entre senderos y carteles. Me dijiste 'tomaremos el siguiente. Llegaremos antes de la hora azul. Cuando sea el momento y la suerte ya esté echada'.
Jamás terminamos el camino. El sueño cambió y las imágenes partieron. Todo despertar es un encuentro con lo que jamás vivimos, todo instante de realidad es la muerte de algún sueño. Seguimos el camino como si el desierto también tuviera puertas.
Algunas noches no tienen identidades. No soy yo cuando me dices que me odias, no soy yo cuando todo lo certero se me hunde aquí en el pecho. Algunas noches sería mejor solo dormir sin sueños.
Llegamos a la bifurcación en el sendero y bajaste del auto. Me pediste que te siga y caminamos solo un trecho. Me mostraste la arena y la sensación del desierto. Me dijiste que allí podía perderme si quería. Que podías conducir sin mí y que no tendrías que explicarlo a nadie. Que allí estaba todo el espacio que necesitaba.
Si fue solo un instante de descontrol, ¿cuándo lo recuperamos? En el camino de vuelta solo hubiéramos tenido lágrimas y música. Mis canciones extrañas, mis acordes que se mezclan hasta hacerse un ruido musical.
Pero jamás terminamos el camino. Antes de llorar o de encontrarme en el miedo de perderte, allí cuando empezaba a imaginar cómo sobrevivir, el sueño cambió a las luces de colores y todo pareció dormir conmigo.
Y cuando desperté miraba alrededor las paredes de mi cuarto. Me habías abandonado en el desierto.
conducías por un camino de arena. El polvo que se alzaba no dejaba dar marcha atrás y por delante el camino se perdía entre senderos y carteles. Me dijiste 'tomaremos el siguiente. Llegaremos antes de la hora azul. Cuando sea el momento y la suerte ya esté echada'.
Jamás terminamos el camino. El sueño cambió y las imágenes partieron. Todo despertar es un encuentro con lo que jamás vivimos, todo instante de realidad es la muerte de algún sueño. Seguimos el camino como si el desierto también tuviera puertas.
Algunas noches no tienen identidades. No soy yo cuando me dices que me odias, no soy yo cuando todo lo certero se me hunde aquí en el pecho. Algunas noches sería mejor solo dormir sin sueños.
Llegamos a la bifurcación en el sendero y bajaste del auto. Me pediste que te siga y caminamos solo un trecho. Me mostraste la arena y la sensación del desierto. Me dijiste que allí podía perderme si quería. Que podías conducir sin mí y que no tendrías que explicarlo a nadie. Que allí estaba todo el espacio que necesitaba.
Si fue solo un instante de descontrol, ¿cuándo lo recuperamos? En el camino de vuelta solo hubiéramos tenido lágrimas y música. Mis canciones extrañas, mis acordes que se mezclan hasta hacerse un ruido musical.
Pero jamás terminamos el camino. Antes de llorar o de encontrarme en el miedo de perderte, allí cuando empezaba a imaginar cómo sobrevivir, el sueño cambió a las luces de colores y todo pareció dormir conmigo.
Y cuando desperté miraba alrededor las paredes de mi cuarto. Me habías abandonado en el desierto.