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martes, 1 de febrero de 2011

Broken Social Scene - Broken Social Scene (2005)

Ayer vi cómo una ventana se caía desde un quinto piso. Con marco y todo. El sonido que hizo cuando el vidrio chocó contra el piso y estalló fue relajante, la verdad. Más tarde, cuando bajé al estacionamiento, donde estaba el cadáver de ventana, me puse a pensar en cómo todos esos fragmentitos habían sido capaces de fusionarse hasta convertirse en un solo bloque inmóvil.

Broken Social Scene es un grupo genial. De eso creo que no cabe duda alguna: son 17 personas tocando juntas sin estorbarse. Tienen ideas claras y otras no tanto. Momentos de verdadera genialidad y minutos en los que no sabes bien qué es lo que estás escuchando. Su segundo disco, el You Forgot It in People, me parece una verdadera obra maestra. Pero una obra muy distinta a este disco homónimo que me propongo reseñar. El grupo pasa de una especie de cohesión interna al completo caos musical, pero en un sentido sumamente positivo.

Con tantos integrantes y tantos sonidos dando vueltas a la vez, estamos ante composiciones en las que siempre, siempre está ocurriendo algo. Casi como si los 17 miembros de BSS estuvieran dando vueltas alrededor de tu cabeza tocando sus instrumentos y tú no supieras a cuál mirar. Pero si en el YFIIP la cosa era tocar como uno solo, en este disco homónimo la dispersión es la clave para encontrar el sonido. Y no creo que sea algo sencillo de hacer. No cualquiera puede tener una ambición fragmentaria sin empezar a perder completamente el foco.

El disco arranca con una canción que ya anuncia toda la intención experimental, "Our Faces Split the Coast in Half". Y yo creo que sigue habiendo una clara influencia post-rock detrás de todo esto, muchas veces las vocales funcionan más bien como fondos simultáneos, como solo una de las muchas cosas que ocurren en todo momento. En ese sentido, Broken Social Scene siempre me ha hecho recordar a la música clásica. Ya más adelante el disco alcanza una especie de pico con "Handjobs for the Holidays" y "Superconnected". Luego, a falta de un mejor adjetivo para calificar la extraordinaria canción que cierra el álbum, habrá que llamar épicos a los casi 10 minutos de "It's All Gonna Break", cuyo final encuentro sencillamente genial, porque añade también una especie de simpleza casi antinatural después de más de una hora de laberintos sonoros.

Vivimos en un universo finito y curvo, donde toda dispersión tiene que concentrarse nuevamente. Pero Broken Social Scene no está pensando en cómo reunir sus pedazos, sino en hacer arte del caos, en lo sublime de cada pieza, cada instrumento, cada compás. Una ventana en su marco es solo eso, pero una explosión puede llegar a ser arte si la vemos con suficiente detenimiento. Y entonces es que descubrimos que la vorágine del azar nos da una libertad única, casi utópica: la de reconstruir el mundo entero a nuestro antojo. Este disco es la arquitectura de 17 músicos que saben con certeza que no importa si se trata de una ventana que cae o de una sociedad completa: todo, tarde o temprano, se termina por romper.

martes, 28 de septiembre de 2010

Blonde Redhead - La mia vita violenta (1995)

Tenía que escuchar este disco. Tiene la palabra "violenta" en él. Creo que desde que lo oí supe que se iba a convertir en un disco estandarte. De esos a los que echas mano cuando estás enojado con todo. Qué bueno que la música sirve para eso también. En la música puedes matar a quien quieras impunemente, ser un vengador de todos los daños y arrebatos del mundo, quejarte, joder, desquitarte, en fin. Todo ello con rabia, placer, hasta algo de maldad.

Pienso en lo que quisiera decir o hacer y pienso en lo mucho mejor que estoy aquí escuchando a Blonde Redhead. No es un disco para todos los días. No es de los que podrías usar para cantar con él (al menos no siempre). Es triste. Es, como su nombre dice, violento, muy violento. Desgarrador.

No creo que se trate de música para pasar el rato. Cuando uno siente algo, algo poderoso, lo transforma inevitablemente en un lenguaje. En este caso, es un disco que intensifica todo, lo amplifica, lo canaliza hasta su máximo punto de ebullición. O quizás no. Quizás para algunas personas, sobre todo como yo, esa es la mejor forma de pasar la página.

En mí queda la sensación de lo inconcluso. De las cosas que no sabes por qué se te escapan de las manos, que las tenías justo ahí. De querer hacer todo en un arrebato furioso, sin pensar en las consecuencias. Pero eso, probablemente, es una fórmula para una vida completa dedicada a la violencia. Convertir el deseo en dolor y el dolor en rabia. ¿Puede uno ser mucho más que eso?

¡Basta de pensar! Más volumen, más rabia, más desasosiego. Don't know why, don't know why, grita Amadeo Pace. La verdad, yo tampoco. Pero sí sé que algunos días esa es justamente la mejor respuesta.