Mostrando entradas con la etiqueta Noise Pop. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Noise Pop. Mostrar todas las entradas

lunes, 1 de noviembre de 2010

The Pains Of Being Pure At Heart - The Pains of Being Pure at Heart (2009)

A veces uno necesita más y más de esto. Es adictivo como el amor. Un Twee Pop rosa que se funde con unas gotitas de noise y hace la combinación perfecta para lo que sea: emocionarte, hacerte bailar como un marciano mientras te alistas para salir de casa, mover la cabeza hasta que te da migraña, portarte como un niño tonto, que en el fondo es una forma de decir que eres feliz en un momento concreto de tu vida.

Este disco es absolutamente claro en su planteamiento musical, en su concepto, en su propio nombre. Tiene que ver con ese retorno al amor adolescente, a la pasión desenfrenada, el descontrol hormonal, la vida como se percibe cuando lo único que nos preocupa es ver a esa persona el sábado siguiente, o vivir intensamente todo. Cuando tienes 15 años aceleras más, gritas con más fuerza, subes más el volumen solo porque sí, y cuando caes enamorado, caes sin arnés de seguridad, directo hasta el fondo del pozo.

Mucha gente dice que la adultez tiene que ver con aprender a dosificar estas cosas. Que uno adquiere responsabilidades, ve el mundo con otros ojos, no se puede dar más el lujo de vivir al límite. Supongo que en parte es verdad, hay momentos de la vida en los que uno solo quiere paz, la quietud perfecta para disfrutar de lo hecho y lo que queda por hacer. Pero también hay días, momentos, qué sé yo, ciclos completos, en los que uno necesita recuperar esa inocencia, esa pureza del corazón, como lo llamarían los TPOBPAH. O sea, darle más y más al volumen, cantarle a las cosas triviales que son absolutamente trascendentes, sentirse más niño que nunca.

Una auténtica celebración a la energía vital que confiere la despreocupación, este es un disco que crece en uno, hasta volverse casi una adicción. Oh, coincidencia, como las pasiones adolescentes. ¡Bien por uno! Que vivan las personas que nos hacen sentir eso.

jueves, 7 de octubre de 2010

Women - Public Strain (2010)

Amo el ruido. El origen de todos los pensamientos y emociones es algo así, un sonido casi inaudible, la perfecta reverberación de la disonancia. A veces, cuando todo anda peor que mal, tienes el deseo de fundirte en la música, acunarte, calmarte, consolarte de alguna forma. Esas veces escuchas música calma, que te transporta lejos. Otras veces necesitas desahogar y entonces todo cobra la forma de la violencia y los golpes de guitarra. Pero algunas veces lo mejor es descansar del pensamiento, quitarse carga. Y esas veces el ruido es la mejor solución de todas.

Y es que el noise tiene una facultad que no posee ningún otro género: la simultaneidad. Una de las características que hicieron legendario el Loveless, por ejemplo, tiene que ver con la ruptura del tiempo y del espacio: no podemos distinguir a ciencia cierta dónde aparece un instrumento, dónde otro, dónde irrumpe la percusión. Todo se condensa, se mezcla, se funde en un gran vacío voluminoso donde solo queda la presencia de la melodía y el ruido amalgamados. En ese sentido, el último trabajo de Women es un avance notable con respecto al disco anterior. Si en el primero se había trabajado a dos niveles, el ruido y la melodía no habían alcanzado el punto exacto de fusión. Esta vez, sin embargo, son dos caras de la misma moneda.

Es un disco que gana por su capacidad introspectiva, que solo ocurre cuando queremos sumergirnos realmente en la música. Es como ver los problemas que uno tiene marchar ante uno, esa perplejidad y esa bruma que nos pesa tanto, flotando y mezclándose. No dejan de ser igual de confusos o igual de dolorosos, pero al menos nos hallamos ante algo que los representa. El ruido posee esa cualidad de mezclarlo todo, romper los límites, desordenar, subvertir. Y nosotros tampoco podemos discernir entre lo que separaba la música de nuestra propia vida.

Un disco definitivamente rico en texturas, sonidos y creatividad. Un disco de esos que salvan porque, durante poco más de 40 minutos, el exterior se convierte en el interior y viceversa. Y en un mundo donde todo se congrega, no podemos menos que sentirnos aliviados de que nuestras cargas sean también parte del ruido y no de nuestro maldito silencio interior.